19 de octubre de 2016

Historias de Metro


Una mala noche donde apenas se ha podido descansar, un despertador sonando a horas decentes para ir al extrarradio y poder recoger ese papel que tanto esfuerzo llevó sacarse hace ya unos cuantos meses, un paraguas sobre la mano izquierda, la batería del Ipod a punto de acabarse y el móvil en el bolso sin ganas de sacarlo... Hacen que se recapacite y se piense en rememorar aquello que hacía cuando iba a la universidad los primeros años de carrera y no tenía un smartphone o una buena compañía... Observar...

La chica, sentada en el anden, abriendo un yogur de frutos rojos para comérselo en los 3 minutos que le queda al metro después de su análisis de sangre; el chico de amarillo preocupado por su tupé y no para de tocárselo, la chica rubia que ríe alegremente frente a su teléfono, el hombre ejecutivo que llega algo apurado al trabajo, la chica latina que se duerme en el vagón, los dos hombres de seguridad que inspeccionan que todo funcione con normalidad, el matrimonio que discute sobre el lugar donde han aparcado su vehículo, las dos señoras mayores que hablan sobre su vecina Jacinta y los hijos de ésta, el hombre de mono azul que entra a trabajar y procura no derramar el tupper con la comida que lleva dentro de la bolsa, el adolescente que juega a un juego de lucha, la adolescente que se ha puesto al revés la chaqueta y anda dormida leyendo apuntes de economía, el teleférico funcionando al fondo, la señora que va estación por estación cambiando los paneles informativos, el metalero que cose un parche en su chaqueta preocupado por hacerlo recto y que sufre las miradas atónitas de la gente... ¡Sólo está cosiendo señores! Son tantas las historias que se podrían escribir durante un trayecto de casi 90 minutos...

Foto: La Vanguardia.

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