4 de marzo de 2018

Nunca te olvidé...




A veces en la vida te vas cruzando con personas que te van dejando pequeñas marcas o que van ahondando como si de pequeñas heridas en el cuerpo se tratasen. Hablas, conoces, sientes. No te das cuentas que pueden ser importantes o que pueden llegar a serlo hasta que un día desaparecen. No dejan pista o vagamente la van dejando como para llamarte y que nunca te sueltes de su mano. Esa sensación de vacío que deja en el alma y ese enfado que te entra porque no entiendes nada o no quieres entender porque te faltan explicaciones, hasta que llega un día en el cuál tu recuerdo vuelve a aparecer y sientes ese hormigueo en el estómago y esa rabia contenida que quiere salir por tanto tiempo pero que no sale…

El perdón y las palabras de arrepentimiento que no quieres aceptar por el enfado de tanto tiempo reprimido pero que desde lo más profundo de tu ser hay algo que te dice:

“Estabas deseando que volviera porque no puedes olvidarte y has estado esperando a la misma hora cada noche como hacías para que ahora seas tú quién cierre la puerta, no seas tonta”.

La puerta nunca se cerró y se volvió a abrir… Cierto, trucaste la cerradura para que no se cerrara del todo y volviese a entrar. ¿Qué pícara, no? Esa sonrisa y esas ganas que no desaparecen porque realmente te encanta y no quieres que se vuelva a marchar.



Foto: EP Mundo

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